lunes, 15 de abril de 2013

La historia del párroco xeneize que bendijo el arco en donde empezó el milagro

Una mano de Dios para el 6-1 histórico contra Boca 


“Ahora tengo los seis goles aquí –en la garganta-. Pero ojo: lo hice de corazón”, dijo ayer en plena homilía el presbítero José María Solar, de la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, fanático de la “azul y oro” y de Desamparados. El sacerdote confesó que antes de la goleada les dio la bendición a los jugadores de San Martín, a sus camisetas y esparció agua bendita en el sector norte de la cancha. Milagro y felicidad verdinegra. “Estos son signos de Dios”, aseguró. 

Texto: Pablo Zama 
Fotos: Diario de Cuyo y Soy Verdinegro

Lo que era un domingo normal para los fieles de la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, ubicada en el barrio del mismo nombre, en Chimbas, pasó sin escalas a tener ribetes de asombro. Eran casi las ocho y media de la noche cuando el presbítero José María Solar hizo un alto en plena homilía y, atravesado por su pasión por el fútbol, confesó que vivió la goleada histórica por 6 a 1 de San Martín sobre Boca de una manera particular. Solar dijo que había preferido no hablar con los medios de comunicación sobre el tema, pero que el viernes en la tarde lo fueron a buscar del club de Concepción para que les dé la bendición. “Yo soy fanático de Boca y de Sportivo Desamparados. Me alegro por San Martín, pero tengo los seis goles aquí –señalándose la garganta-. Aunque ojo: lo hice de corazón”, aclaró en una mezcla de dolor por la derrota xeneize y alegría por la felicidad sanjuanina.

San Martín llevaba 16 partidos consecutivos sin ganar, está en zona de descenso desde hace varias semanas y se enfrentaba al Boca de Carlos Bianchi. Antes de que los libros tomen nota sobre la historia que humedeció los ojos de los hinchas en una tarde soñada, la desesperación hizo que dos hombres del club fueran el viernes en la tarde hasta la parroquia chimbera, zona en la que se encuentra la “Banda del Santo Domingo” (parte de la hinchada verdinegra), para buscar al padre José María Solar. El párroco, que había llegado esa mañana de participar de un encuentro de sacerdotes en Buenos Aires y que, sin descansar, se había ido hasta la capilla de Villa Morrone para celebrar misa por las fiestas patronales de esa comunidad, vio que dos personas lo esperaban en la puerta de la iglesia y se asustó por la inseguridad que existe hoy en Chimbas. “Ya estoy con ustedes”, les dijo mientras ingresaba a la sede parroquial a buscar a un ministro de la eucaristía y recién ahí se entrevistó con los hombres. Cuando estas personas le contaron que necesitaban que bendiga las camisetas de los jugadores, les propuso ir directamente a la cancha. Por eso quedaron en juntarse en quince minutos en la estación de servicio que está ubicada al lado del estadio Hilario Sánchez Rodríguez y, a pesar de tener prótesis en distintos lugares del cuerpo porque hace más de una década sufrió un grave accidente –se trasladaba en moto y un auto lo chocó dejándolo muy grave y en terapia intensiva- y de casi no haber descansado por el viaje de quince horas que realizó desde Buenos Aires, ingresó al club y se puso manos a la obra, sin importarle el fuerte dolor de huesos que padecía. 

Rezo por vos 

Antes de que anochezca, el padre José María, nacido y criado en el Barrio Patricias Sanjuaninas (zona central de confluencia de la hinchada de Desamparados) y con pasado en las divisiones inferiores de Puyuta, bendijo una a una las camisetas del plantel verdinegro junto a toda la vestimenta, “hasta las zapatillas”. Cuando les ofreció darles la bendición a los jugadores y a través de ellos a sus familias, “dos de los futbolistas, respetuosamente, pidieron colocarse a un costado por no ser creyentes”, contó en una homilía fuera de serie. 

Después de cumplir con el pedido, el sacerdote se retiraba del estadio pero decidió devolverse porque se le ocurrió bendecir la cancha. Entonces pidió entrar, y una vez en el césped se fue hasta el arco de la cabecera norte –arco del gol de Luis Tonelotto en el ascenso a Primera en el 2007 y del gol del brasileño Roberval en el partido de ida por la Promoción que depositó a San Martín nuevamente en Primera en el 2011-, esparció agua bendita y rezos. Al día siguiente, en esa cabecera adonde se encuentra también la popular local con capacidad para ocho mil personas, el Verdinegro le iba a convertir cuatro goles en el primer tiempo a un Xeneize sin brújula. 

El bautismo del pequeño Ardente 


“El arquero –Luis- Ardente me llamó aparte, me dijo que quería hablar conmigo cuando terminara de bendecir las camisetas. Después me contó que estuvo varios años con su esposa esperando para tener un hijo y que lo tuvieron acá, en San Juan. Me dijo que quiere que lo bautice en esta parroquia”, aseguró Solar en una misa atravesada por el fútbol, después del cimbronazo inolvidable de una tarde de abril que quedará para siempre en los corazones de los hinchas de San Martín. 

Los jugadores habían prometido ir a la misa de las ocho de la noche ayer a Chimbas, pero finalmente fueron a la parroquia algunos minutos antes de la celebración y cada uno a su manera le agradeció a Dios. Mientras contaba sus anécdotas, el párroco miró hacia los bancos de la iglesia y aclaró: “Los dirigentes de San Martín que están aquí en misa, no me van a dejar mentir”. Y después se refirió a los futbolistas: “Ellos necesitaban creer. Estos son signos de Dios. Fíjense cómo Dios atrae a la gente”. Lo dice alguien que además de ser sacerdote aprendió aún más a creer en los milagros después de salvarse del grave accidente que tuvo con su moto, sobre lo que no se cansa de repetir que cuando estuvo internado “no sabía distinguir el día de la noche, la hora que era, me sentía muy solo” – y por ese problema de huesos sólo era vicario, hasta hace dos años cuando recién pudo convertirse en párroco-. 

El sábado, los hinchas verdinegros desbordaron en lágrimas y muchos, mirando hacia el cielo, agradecieron por este milagro que rompió con una racha y les entregó un triunfo del que no se van a olvidar por el resto de sus vidas, victoria que además continuará comunicándose de generación en generación. El “Chino” Lucas Landa, después de marcar de cabeza se sacudió la mufa durante su festejo y el colombiano Humberto Osorio (que hizo tres goles y que no es católico, sino evangelista) dijo que la gloria de Dios les regaló esa goleada. San Martín seguirá rezando para intentar salvarse del descenso. Y el padre José María Solar (que este miércoles 17 de abril cumple 45 años), pese a haber contado su anécdota, una vez terminada la misa -por su fanatismo por Boca- ingresó directamente a la sacristía y no salió a la puerta de la parroquia, como lo hace habitualmente con el fin de conversar con los fieles, para evitar “cargadas”.  

2 comentarios:

  1. Genial Pablo...cuanta emoción vivimos el sabado, para nuestra historia de vida verdinegra, no nos vamos a olvidar mas de ese partido, estemos en la division que estemos!!
    Me habían contado toda esta historia, antes del partido, conozco al hincha que se contacto con el padre por eso, dicen que ardente vino corriendo para recibir la bendición, que Osorio, Bolaños y Sosa son quienes respetuosamente por sus creencias diferentes se apartaron, Y que el padre repartió un bidon de agua por la cancha!!!
    Siempre es bueno leer tus relatos, y compartir emocion y pasion por aqui!! abrazo grande para vos y que el cambio de dirección anímica y futbolistica nos lleve lo mas lejos posible!!

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  2. Genial primo muy bueno la verdad excelente felicitaciones, se ve que algo dejo el abuelo antes de partir, un abrazoU

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